miércoles, 27 de octubre de 2010

Acá pasó lo de siempre

Acá pasó lo de siempre. Algo que empieza con el reclamo de reincorporar trabajadores despedidos, con trabajadores tercerizados que buscan a través de la protesta el pase a planta permanente. Algo que sigue con la aparición de una patota mandada por la burocracia sindical. Algo que termina con heridos. Algo que termina con un muerto. Parece simple. Algo que la historia argentina parece renovar, como si no existiese otro modo. Y es que en realidad no hay otro modo cuando la democracia no es democracia, cuando los ricos son los que mandas y la clase trabajadora la apaleada. No hay otro modo. El otro modo queda siempre en nuestras manos.


Tampoco es sólo una patota. También es la policía que deja el camino libre. También es un estado y un sistema que tienen el imperativo de barrer la protesta social. También –y sobretodo- son los empresarios ricos que quieren ser más ricos, que necesitan que los pobres sean más pobres. Es simple. La clase obrera es honesta y laboriosa cuando está tranquila, cuando dedica su entusiasmo y valentía a la producción y reproducción del capital. Cuando los trabajadores se levantan contra la empresa, cuando reclaman lo que les pertenece son peligrosos y ofensivos. Hay que apalearlos.

El capital no se libra nunca de la violencia.

Mariano Ferreira, de 23 años, militante del Partido Obrero, fue asesinado el 20 de octubre por patotas pertenecientes a la Unión Ferroviaria.


¿Quién vengará su muerte?

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